LLamadas telefónicas II
Qué culpa tiene él de mis circunstancias, de mis pausas , de mis puertas, de mis miedos, de no poder devorarse la eternidad, las bibliotecas, los bares, la música, las tiendas, las llamadas telefónicas que no me atrevo a hacer, ni responder. No tiene culpa de nada. Y a mi en estos días se me escapan las razones, se me resbalan por los codos, caen al piso y pierden sentido.
